es cierto, no escribo bien y tampoco tengo razón, las letras y la poesía han muerto pero también creo en la rencarnación

martes, 8 de noviembre de 2016

perrito

Mi amor, considerando la hora que es, y el viento que corroe la madrugada y los vinos que he tomado no puedo pensar más que en ir a buscarte (si es que el transporte me lo permitiese) ir a buscarte corriendo y decirte que te quiero como quiero quizás al perro que tiene el vecino, ese cariño de niña inocente que paso y doy un beso pero si pienso en alimentarte y sacarte a pasear se me encrespan los rulos gigantes y no puedo ni pensarlo. Igual seguiría eligiendo ir a buscarte porque en mi cliché (y en el de la humanidad) radica la repetición. Por eso Leonardo. Y por eso hoy me preguntaron por qué subo las escaleras si elijo fumar cigarrillos. Con la misma irracionalidad que elijo hacerme ese daño tan estúpido te elijo a vos para dormir la siesta. Básicamente no deberíamos querernos. Vos estas vaciando en mi un espacio que debería estar lleno y yo estoy llenando en vos un espacio que debería permanecer vacío. Nos queremos por la inercia y sobre todo por el cuerpo, esa piel tan blanca que tenés vos que no sabe nada de amor pero lo sabe todo de física cuántica y de amor de fin de semana y de mentiras deliciosísimas como un café o un cigarrillo. La verdad es que te escribo esto porque quizás mamo esa libertad de poeta de no tener las agallas o los ovarios suficientes para escribirte y que no me respondas, llamarte y que no vengas, que dulzura y que romanticismo bohemian-new-rich, pero que cierto, sino mirá, mirá esta piel toda enervada por tu ausencia y por las ganas de tu presencia, no me digas que esto no es amor, y si me vas a decir que esto no es amor por lo menos adjudiquémoslo a la pasión (que nos corre a ambos) y así te paso factura y te paso la cuenta de que corre este viento que avecina tormenta (las tormentas tienen tu rostro de vampiro) y me arrasan y la cama es enorme y solo mía, como los cigarrillos y las soledades y las series interminables. Y yo sigo regalándote un montón de cosas aunque el pecho no se me estruje por vos se me adormece el pecho por la misma convicción que tenemos los dos, esa convicción de perros que no quieren morir solos, como el perro del vecino, que paso, le doy un beso y le digo hasta nunca más.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

c o r a z ó n



Lo último que debería hacerse es perder el hilo, la continuidad y por qué no la repetición. Valga entonces aclarar que varias plantas (incluida en este grupo la familia de las Asteraceae, donde entra sin querer o queriendo la Cynara o alcaucil) siguen estrictamente la serie de Fibonacci al crecer sus hojas o pétalos, ya que al momento de crecer deben disponer de los mismos de una forma inteligente para poder sobrevivir, facilitando así la disposición de sus respectivos para poder recibir de forma equitativa el sol. Digamos entonces que si no siguiesen la repetición matemática descubierta por Leonardo de Pisa, no podrían sobrevivir.
Para no perder la continuidad he decidido citar a mi planta casi favorita para poder poner en palabras una historia sin comienzo ni fin (quizá un poco como el número ocho de forma horizontal) y pensar también que si nosotros no seguimos ese hilo de repetición pero alejándonos cada vez más del centro no podríamos sobrevivir (nos) , y entonces pienso de la forma casi orbital y sistemática con la que me acerco a tu persona, repitiendo con cuidado los números y los cálculos. Digamos un poco que elijo acercarme a tu centro o por qué no corazón rasposo y amargo con pequeñas espinas, (el alcaucil es de la familia de los cardos y digamos que vos no estás muy lejos) todo lleno de hojas duras y amargas y en el centro el corazón deliciosísimo pero que raspa y arde y duele. Y digamos que me acerco con cautela de animal asustado y te orbito y al rodearte como un satélite encuentro la lucha gigante, no solo tuya o mía, sino de una generación entera que circula como un planeta desorientado al rededor de tanta libertad y tan poca capacidad de elección.
Todo en este mar de números, pétalos y planetas radica al final en una cuenta simplísima; todo lo que no podemos elegir y todo lo que queremos seguir eligiendo. Estamos hablando de una secuencia y como bien sabemos las secuencias no van ni para atrás ni para adelante, solamente se repiten, si de forma diferente, pero nunca son iguales. Entonces vos me decís desde el núcleo del planeta o de tu pecho que no sabemos elegir y yo muevo la cabeza como tonta asintiendo y afirmando tu respuesta.
Básicamente vivimos bajo ese duelo maniqueísta y estúpido de tenerlo todo o no tener nada, de te beso hasta el alma o no nos vemos nunca más, de renuncio al trabajo y soy feliz o me hundo en la mediocridad, de no hay mas poetas están todos muertos a sintamos todo hasta que no se pueda más. Lo verdaderamente cierto es que quedan un millón de cosas por escribir aunque siempre te diga lo mismo, todavía nos late el pecho inmenso y todas las placas tectónicas de los planetas y las hojas de las plantas se sacuden por algún sentimiento, y no sabemos muy bien si es el amor (porque no amamos mucho) y no sabemos si es el dolor (porque tampoco sufrimos mucho) pero hay algo que nos mueve el vientre y nos hace estamparnos la cara contra un vidrio o un glaciar inmenso y lo cierto ES QUE LO HACEMOS UN MILLÓN DE VECES porque somos como las plantas o los alcauciles que si no repetimos mil veces la misma secuencia, morimos secos lejos del sol, y esto te lo digo a vos no te seques no te alejes porque ahí en lo estático está la muerte, y si no nos movemos y  0 , 1 , 1 , 2 , 3 , 5 , 8 , 13 , no nos espera otra cosa que no sea la parca inminente. Aunque en el movimiento debamos de elegir si entregarlo todo o padecer en el intento y ahí también nos equivoquemos, el error no es cierto. Porque nos rige el viento, nos rige el sol y sobre todas las cosas la serie divina, y en el centro todo es amargo pero también delicioso, no se olvide.


sixth






HE APRENDIDO 
A BESAR MIS MIEDOS
A QUE LA TRISTEZA 
SEA UN CONDIMENTO
PARA LAS TARDES O LAS NOCHES
EN LAS QUE DUERMO 

Y HE APRENDIDO
QUE LA PASIÓN DUELE 
COMO UNA FLECHA PUNZANTE
PERO HE DE SABER AHORA,
COMO BESARLA,
COMO LLENARME,
ENTERA CON ELLA
 O SIN ELLA
Y ESTA VEZ
NO VOY A DEJAR 
QUE ME DESARMES
CON HACHA O CON FLECHA

twentififht



ME PARTISTE EL PECHO EN DOS
Y EL CIELO TEJIÓ UN ZURCO INMENSO
ENTRE LO QUE SOS VOS
CUANDO CREO QUE TE ALUMBRA EL SOL
Y LO QUE SOS EN LAS PENUMBRAS
ME PUSE EL VESTIDO MAS FLOREADO
PARA QUE MI MUECA
NO SEA DE DOLOR

pasión (a vos)

Porque pasión y padecer comparten el mismo origen etimológico. Porque sentirte con una pasión ardiente que quema es un poco también padecer los vaivenes del amor que no tenemos pero el logra tenernos, y yo te beso y te miro porque me sobra el tiempo y vos me besas un poco por deporte y otro poco por inercia, o eso es lo que yo creo y también lo que vos me hacés creer. No se si es por las drogas o el éxtasis que te hace tan pasional y a mi tan mujer, tan sensible al tacto y tan brillante.
Y los ojos enormes a veces creo que parezco lechuza o también agujero negro y no se si es la soledad o la cara sucia del destino la que nos hace terminar siempre o casi siempre en la cama, pareciendo dos gatos o panteras negrísimas, aullando y lamiendo el sexo, la piel, la vida, penetrando vos, siendo penetrada yo, por la pasión y gemimos y es el placer que empieza con P igual que Padecer y Placer y Penetrar y las letras que no tienen ningún sentido, tampoco nosotros, gatos negros, panteras apabulladas por tanto miedo. Por eso es que después, acabados por el sexo o por tanto nosotros nos miramos a los ojos como dos Dioses o un mortal o Zeus o Afrodita, y nos miramos y nos reímos de la vida y de la muerte o del vino que nos tomamos o el porro que te fumaste y entonces yo siento la sangre hervir como el agua. Yo a eso le pongo nombre de pasión, no le digo amor porque yo no te amo, vos no me amás. El amor es otra cosa, no tiene gusto a sexo, a saliva, a mentirnos, mordernos la piel o reírnos en medio del coito como hacemos nosotros. A esa sangre ebulliendo y a tus ojos de vampiro con dientes blanquísimos yo le digo, yo lo postulo como pasión. Y te escribo esto a vos aunque nunca lo leas y nunca me pidas perdón, por dejarme plantada o no quererme mejor.
Ahora soy consciente de la situación, no te escribo esto a vos, en realidad estoy firmando un tratado con el sufrimiento y la pasión, eso qu eme nutre y cuando estoy sola me da calor. No te confundas, mi amor, yo no quiero morir mañana con vos. Sólo quiero rajarme el pecho y la nuca sintiendo tu respiración y tu olor. Además sobre todas las cosas tatuarme tus pupilas enormes con lo que me queda de razón






jueves, 27 de octubre de 2016

!!!!!!!!!! basta



La verdad de el día de hoy es que podría invitarte a escuchar a John Coltrane toda la noche y fumar un paquete entero de tabaco (es cierto que mucho no me queda) y terminar el Whisky que juntos empezamos. Lo cierto es que me encantaría poder invitarte, tener una casa mía, y sobre todo unas agallas todas mías de poder citarte al encuentro y enfrentarme a la negativa de tu respuesta como toda una mujer. Es decir, no llorarle a los santos con tu respuesta ni morir ahogada en la tristeza de que yo te elijo para escuchar jazz y fundirnos en un mar de alcohol y vos no podés hacer lo mismo.
La pregunta radica sobre todo: ¿por qué vos? y yo creo como simple mortal que como no puedo vivir con mi soledad porque a ella no le sienta tan bien el Whisky pero a vos sí, que agarrás el vaso con una altanería asesina, le ponés un solo hielo al vaso aunque casi pase el tercio de su volumen en Whisky, y lo agitás así despacito, cosificando al hielo y a todo el Whiksy que es lo único que realmente nos une, eso y el sexo y espero que alguna vez el Jazz. Me resulta cómico el hecho que deba escribirte un texto inmenso desde el anonimato y no pueda escribirte a vos y saber que me leés pero no te importa. Porque soy yo la que está hundida en el lecho de la oscuridad pero aún puedo ver la luz y sos vos el que está perdido en ese lecho y soy yo la que cruza los mares para salvarte, ¡ Pero cómo me vas a salvar vos!
Será porque ayer escuché a alguien recitando a Sábato en inglés y me acordé de vos o será porque anoche dormí sola después del rechazo y la pregunta sería ¿serás vos mi salvador? ¿aquel que me despierte en medio de la noche buscando compañía o sinceramente un poco más de sexo? Only time will tell, siempre pienso pero de tanto pensar ya estoy más cerca yo de perderme en el mundo de los locos y las palabras y los vasos que estaban llenos ahora están vacíos, no así el cenicero, cementerio de mis penas y de todas las colillas de cigarrillo que fumo sola y hasta dónde llegamos y hasta dónde llego yo y realmente te escribo y esto ya no tiene sentido, lo he convertido en un texto adolescente que grita por el corazón medio roto y el amor al drama y lo cierto es que yo ya no voy a ningún lado porque ni empezando por vos ni terminando en el vino o en el Whisky y aún teniéndolo a Coltrane de fondo no puedo escribir una palabra más.

Que decir del alcaucil y su corazón rasposo.

domingo, 4 de septiembre de 2016

u s t e d

https://www.youtube.com/watch?v=-vDm1lomVHU

Luego de una extensísima deliberación he decidido por fin escribirle a usted,
probablemente porque sea domingo, probablemente porque es casi imposible sumergirme en la cama sin pensar un poco, probablemente le escribo a usted porque es el único remedio que queda a un día gris e increíblemente todo nevado, y la soledad que me gana porque yo no se jugar ni mis mejores cartas. A usted le escribo que me grita desde el más paupérrimo de los olvidos, con un grito ahogado casi de negro que entona un blues dolido, me raja usted el centro del olvido y nace nuevamente tiñiendo lo gris de negro-oscuro-melancolía, y como usted sale corriendo desde algún recoveco de mi cuerpo, he decidido dedicarle unas palabras porque estoy convencida de que estas valen un poco más que las trastabilladas lágrimas y los fatuos intentos de la muerte acongojada y dominical de llevarme con ella. Quizás escribiendole a usted por fin pueda librarme de su demonio que tiene rostro de ángel pero lastima y arde como el mismo infierno, ese que tengo en el pecho y ese en el que usted nace y vive todos los séptimos días.
Lo cito a usted, con su máscara de musa inocente y sensualista, pero también cito a lo oscuro y al misterio, porque ¡ah! que sería usted y todo mi amor tristísimo, sin esa nota mal tocada, dígame usted, que conoce mis heridas más que mis cicatrices, usted que las hurga todas las noches para zambullirse como un pez o un animal poseído por los monstruos del recuerdo. Usted los hurga y parece disfrutarlo. Ahora le pregunto ¿disfruta esto tanto como lo padezco? ay, usted al que le escribo y usted, el que me duele tanto. Usted que me cuelga de la piel como un trozo de carne que no debería pertenecer a mi cuerpo, ni mucho menos a mi deseo. Porque ay, usted, la carne, el deseo, y sobre todo lo que no pertenece.
Le pido a usted el último respiro,
quizás por eso le escribo,
para llamarlo antes de que se acerque
para llamarlo antes de que se vengue
para besarlo antes de que se hunda,
nuevamente adormecido,
en el domingo,
(ese que a usted tanto le gusta)

extraño: adj , que es muy distinto de lo habitual, natural o normal y tiene algo de extraordinario o inexplicable que excita la curiosidad, sorpresa o admiración.


te. 





miércoles, 31 de agosto de 2016

p r e m i e r d e u i l


Sin subestimar el delicadísimo esplendor de los dolores planteados como una pirámide o un triángulo porque bien todavía las profundidades nos son desconocidas, como explicarlo: miramos sí las líneas, los vértices y las aristas pero sería bastante confuso desde este punto de partida poder analizar la profundidad de este primer plano, digamos, la profundidad se nos es dada a partir de los colores y si arrancamos la verdad prima de la cuestión, es que los colores no existen, por ende qué podemos decir de la profundidad o de las pirámides o vértices de este duelo si ni siquiera podemos partir de que lo que se nos desnuda frente a los ojos sea realmente cierto. 
Distance and time did not matter, my dear.
Aquí los monstruos y el duelo, sin querer, aprieta el pecho y sin querer, ahí estamos todo mi universo frente a un lienzo que, científicamente hablando, está en blanco porque así es el tema con los colores, no existen, entonces de qué profundidad o de qué vértice voy a hablar si en realidad estaría adormeciéndome la médula un lienzo que para los ojos de la ciencia no existe, pero si es real para los ojos míos de niña, lechuza impresionada, o es incluso más verídico que mi rostro acongojadísimo por la emoción y con los lagrimones cayendo al costado. Convengamos que el concepto de real se desarma como una torre de maderitas mal acomodadas. Así es que estamos con mi universo y el lienzo con el duelo gigante, todo separado. Lo separo de mi aunque somos lo mismo, un montón de no-color, un montón de no-realidad y así me acordé que si lo absoluto domina mi reino todo se vuelve un poco más oscuro y ahí es cuando dejo de verte, es como si ahí la ciencia surtiera su efecto aburrido de eliminar la magia de la quimera del ojo. Se pone todo un poquito más oscuro y yo veo el dolor pero también veo el duelo y eso que se gesta en el pecho del hombre con un poquito de esperanza, que abraza a la mujer casi sin ganas pero la abraza, mirá que en la oscuridad del no-color también se puede observar que todo nos duele, nos duele haciendo a lo que nos nutre el pecho nazca con fuerza, fuerza de fénix o base fuerte e inamovible de pirámide o triángulo.

La serie seguía más o menos así : 0 , 1 , 1 , 2 , 3  entonces ¿podés ver?
lo tuyo, lo mio, nosotros y los tres vértices del triángulo

En el límite justo
ahí donde buscamos todos 
en el duelo y también en el dolor
ahí no te encuentro (obviamente)
y tampoco me encontrás vos a mi 
porque ahí nace lo principal en vos
y ahí termina lo que prima en mi
el triángulo, 
tu vértice y el mío
y en la punta la soledad. 

Y

from the boundaries of the duel
the very very limit of
in wich i seek
for the pleasure
and the pain
of my existence
within yours




Resultado de imagen para el primer duelo william adolphe bouguereau




243 




domingo, 7 de agosto de 2016

liber quadratorum (más de lo mismo porque todo al final da un número cuadrado)

Fibonacci se llamaba realmente Leonardo de Pisa. Si doblás el dedo índice hasta que toque la palma de la mano vas a ver que no estamos tan lejos. 



I

No me podría figurar un domingo sin escribir, aunque siempre ronde en lo mismo, esta vez sin cigarrillos mal apagados. El cielo parece un cuadro renacentista y a mi se me revuelven las entrañas en el 55 porque todo tiene gusto a pasado y a bote que navega en el mar sin rumbo. A mi se me revuelven las entrañas porque me pasa todos los días. Analizando profundamente y bajo una nube de humo concluí que la única forma para que no se revuelvan es la siguiente: bailar hasta que los huesos hagan un ruido hueco parecido al crujido de los árboles y al mismo tiempo tener los ojos tan desorbitados que desde el revés miran para atrás. De otro modo es imposible, todo tiene sabor a clavo oxidado y a tristeza de vino que lleva dos semanas abierto. La suerte de lo onírico y lo repetitivo no tiene por qué cruzarnos esta vez, me lo dije a mi misma cuando no saliste nunca de ninguna de todas las puertas que había dejado abierta. La suerte del análisis nostálgico como ensayo mal escrito o un cuento sin cuerpo ni final. No me puedo imaginar un domingo sin ese condimento. No me pude asegurar un domingo sin tres cigarrillos. 
Creo fervientemente que en el momento que estoy escribiendo esto a vos se te cruza un tren de incertidumbre y te rascás la cabeza y no sabés por qué. No logro nada más que eso, pero digamos que en este momento me encuentro bastante conformista. También creo que el cielo está tratando de decirme algo ahí tan rosado y tan lleno de nubes barridas, se planta encima mío como la tapa de una olla y yo que partida al medio me evaporo y me salgo de la ducha con el pelo todo sobre la cara, sorprendida porque la longitud del cabello es la que me hace mesurar el tiempo. Cómo pensar que no me corto el pelo desde la última vez que me miré al espejo y todo parecía cuento, yo tenía una media sonrisa dibujada y un tatuaje menos. 
Se me revuelve el vientre y no lo digo por inercia o quizás si. Es mucho más probable que lo diga porque estoy tocando esa pared congeladísima que he puesto alrededor de mi cama para sentirme más pequeña y/o también protegida. El frío en la palma de la mano me hace acordar a la noche y la noche me trae como un murciélago enfurecido el recuerdo de tus ojos. Y no hablaría en este momento de tus ojos, digamos que no tienen nada de particular. Es eso de la mirada, y ahora entiendo por qué digo que al final todo cierra en número cuadrado, hace por lo menos mil millones de meses que vengo escribiendo exactamente lo mismo y lo divido por uno o por dos y el resultado tremendo: liber quadratorum. No puedo dejar de hacerlo y vos no podés dejar de percibirlo. Lo acomodo en distintas posiciones: me subo arriba de tu cama, ensimismada con tu pecho, lo doy vuelta y estás vos en el lado izquierdo de la calle y yo camino por el derecho. Al final siempre termina todo en lo mismo dividido en cinco pedazos: yo, la cama, la soledad tuya, la soledad mía y todo el miedo. Los acomodo los doy vuelta y los divido. Y juro no se puede huir del orden de la repetición: todo parece un espejo, todo parece jaula. Vos el mar todo embravecido y caótico y yo sobre el barco que es de vidrio y a través de el te contemplo. La sucesión de Leonardo mi querido. Yo sucedo porque así viene el tema, el número que le sigue es la suma de los dos anteriores. Y esto querido está en todos lados, en el vino que no nos tomamos y en el dibujo violeta abajo de mi rodilla y también cuando nos miramos viste ese vórtice inmenso, ese mismo, tiene cara de bote, de mar, de todo el amor, de todo el miedo del mundo y sobre todo la suma de los dos anteriores. 

0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34...








lunes, 18 de julio de 2016

o es la luna o son los lunes


Aún a tantísimos kilómetros de tu casa y a tres días sin cigarrillo, comienzo a pensar, que a pesar de tener un trabajo, (o a pesar de que el trabajo me tiene a mí) surgen del pecho así como insectos escarabajos todos llenos de pintitas, surgen así: se acomodan por toda la cama y con sus patas me dibujan todas las posibilidades, me cuentan que, por más de que todos los días a las ocho de la mañana, por más de que la montaña toda blanca me devore entera, por más de que llegue a casa con el pecho trizado y los dientes (o la comisura de los labios) así violetas, no podría ni siquiera intentar que como la helada a una planta, se rompa de cuajo la cascarita de la cicatriz y se remueva entera, desprendida, porque estoy pensando que las cáscaras están hechas de sangre o de cristales. Estoy pensando que las cáscaras son de colores y abajo hay semillas y dolores, y por el amor del cielo, ¡cómo sangra! y las manos quemadas con el horno, cada vez el pulso menos menos, y los dedos cortados con el cristal de la copa, y el frío Señor no ayuda. Trate usted de tomarse un café sin azúcar helado mientras se cura las heridas de la mano, sería imposible. Trate usted de que no se le cristalicen las pestañas mirando una foto, sería imposible. Señor, piense usted que viaja en un micro que es todo rojo y aburrido y hay olor feo y le dan una tarjetita - piense señor, pasan los chicos pidiendo, esos que dan tarjetitas de amor o sahumerios - y usted le da cinco pesos porque sabe que hace frío y que así no se soluciona nada pero la inercia que lo lleva. Ahora, señor, le pido que se olvide que es un señor y piense que tiene a penas unos quince años y que se le hace un nudo en el pecho cuando piensa en la muerte. Cuénteme ahora Señor, usted que fue y volvió. 

¿Vale la pena?

La montaña ha devorado la monotonía,
me encierro en el valle,
taciturna
Le beso a escondidas las manos a Afrodita
me encierro con llave,
atrevida.
Las calles se han tragado mis ganas,
los olores y mis lágrimas,
los estupefacientes mi cara.
La cama me declaró la guerra,
el sexo, las piernas.
Mi cuerpo es como un tótem
verde,
rojo,
amarillo.
Mi pelo una fotografía mal revelada.
El tiempo ha derrumbado las paredes
por él yo ya no corro,
por él yo ya no siento.
La muerte ha acorralado con astucia;
digamos que todavía se puede,
que la soledad no queme,
que el vacío se llene.

Dar un paso al frente y apretar las muelas








esta foto se merece un libro entero pero ya no sé que hacer con todo esto
sepa disculparme

martes, 5 de julio de 2016

está todo al revés

ACÁ SE GESTA LA PRIMERA PARTE

Aquí he citado a los monstruos, se reunieron en una sala gigante toda roja como un pecho o un corazón por el que no corre sangre. Aquí he citado a los monstruos y a los hechos de una nefasta tarde. He juntado todas las cobardías disfrazadas de ovejas y las entregué a los demonios. Y así entregando mientras la mesa se pone y los bichos se acomodan es imposible no pensar en el miedo corriendo por las patas y las garras de las bestias impresionantes. Que se pasean de un lado para otro, parecen gato negro inmenso, parecen vientre terso, gato de noche que trepa las paredes de un lugar que no conoce pero del que se escapa sin quererlo. Y trepa y camina y clava las uñitas afiladísimas en el tórax porque eso es de gatos, porque hablando de animales otra vez Fibonacci y se me dio por pensarte y la composición de todas las fotografías que te hice y que estaban pegadas en la habitación como un mural de todos los colores que teníamos adentro y se me dio por pensarte ( de nuevo ) y las fotografías y dónde estarán ahora, si guardadas en una caja al ladito de tu corazón helado como un iceberg, o al costado de la cámara o de todos los libros con los que te construí un templo o una muralla gigante y te metí ahí en el medio, del fuerte impenetrable, con los monstruos, con los libros, con el número áureo tatuado en la espalda o quizás abajo de un triángulo. 
Y se me pasan las horas y los micros pensando que las paredes y las montañas son dos cosas muy parecidas pero solo una de ellas despierta claustrofobia. 
Y ahí los monstruos y ahí el gato y ahí también Fibonacci que se pasea por la sinapsis mal hecha, será el vino, serán las noches tan largas, que las hacen malas y las hacen tremendas, y ahora sí, la mesa esta puesta y los corderos y las ovejas y la panza abierta llena de mariposas secas y un montón de cigarrillos. 
Es todo tan simple y las neuronas o el pecho que lo hacen tan complejo, la mañana querida, tus ojos negrísimos y la sonrisa blanquísima, dale, que se van los monstruos, yo ya no los he citado, que se va el gato, que se me escapa también el número divino, se me pasa todo, arrebato los días, y se van por la puerta, izquierda o derecha, hacen sus trámites y siguen de largo y lo único que sigue ahí es el templo ultrajante que te construí para que sea reino y eso no se va, no se pasa ni con litros de café ni tres días de sueño, dos películas japonesas, tres botellas de vino, y no se va. Un tsunami y la ola gigante de Hokusai también pasa y arrasa y tu templo sigue ahí intacto con la lucecita prendida desde adentro, como la primera parte, la ventana de arriba de la casa.
Siempre, anque empiece por lo segundo para ir a buscar lo primero y ordenarlo y escribirlo de nuevo. 

II
Rajate, partite al medio, hundi el dedo en la llaga inmensa que dejaste abierta, hacela tuya, invitate a pasar, rajate, abrite el pecho al medio, la sien expuesta al sol, cruzá la calle con los ojos cerrados, acostate a mirar al sol. Rajate, partite al medio, hace de tu templo un camino abierto, subí una montaña, saltá el río, hundite en el dolor. Hacé el camino tuyo y rezale a algún dios. Abrazá muy muy fuerte que se te escape el amor.



 he aquí el gato


y si quiere caos (más todavía) : https://www.youtube.com/watch?v=OX3yDWyMpHU

lunes, 27 de junio de 2016

fibonacci sos un gato parte II



Porque aún entendiendo las nimiedades de lo cotidiano elijo hundirme en el pasado o en el vacío, ese agujero negro con olor a cenicero viejo, gato triste y aplastado por los años y la lluvia. Lo elijo y quizás sería todo más fácil y desenredado, como un lienzo vacío que no surte efecto, sería caminar por el borde del vacío, de tu recuerdo, y no adentrarse, no perderse en los mares de no te cruzo nunca más en la vida, de todas las cosas que pasaron en la montaña y en las noches con los ojos abiertos y la música entera abandonándonos el cuerpo. Sería mucho más fácil la cama armada y el cuerpo dentro de ella, el cálculo perfecto, el cansancio, el sueño, la cama, el destello. 
Sería fácil darle la espalda al olvido, no besarle las manos de bruja, no pensar en el cuadro de tus ojos negros, en la foto enmarcada arriba de la mesa. Yo aún no entiendo porque elijo, yo aún no entiendo porqué no se pasa. Tampoco lo entiendo al loco de Fibonacci pero me encanta.
Y si no hiciera frío y si no viera tantas películas quizás el cielo no me ataría y no esperaría el sol de las mañanas con los ojos abiertísimos. Dale, pasan los micros y el frío que se mete hasta en los huesos y la fiebre. Dale, pasan las horas y los días y ahora también pasan los meses y acá no pasa nada, todo se hunde en una masa que no leva pero se expande, una masa de cosas que no son nada, como lo que escribo ahora, como lo que escribiré mañana. 
Dale, me trepa por el pecho un monstruo inmenso y no tengo mejor idea que hacerlo pasar, ahí el pecho abierto, que juegue, que se desarme, que cruce con una copa de vino, lo hago pasar y hace destrozos, pero ese monstruo, juro que no es mío. Y dale, no pasa, juega a la pelota y también pinta un cuadro, rojo, inmenso. Pasa, dale, se fuma un cigarrillo sentado en el ventrículo izquierdo, se escucha un disco entero ahí perdido en el vacío de mi pecho. 
Pasea por toda la casa, monstruo impune, me cristaliza los ojos y me quiebra la jeta. Dale, pasá tranquilo. Me tomo un té para ver si afloja. Dale, tranquilo, miro por la ventana a ver si se escapa.

Al parecer el monstruo trémulo y angustioso se parece un poco al cálculo ese que no entiendo, la divina proporción que no entiendo, el teorema imposible que no voy a entender porque las matemáticas no son lo mío. Al parecer como no lo entiendo no me va a dejar tranquila nunca.

(Lo mismo me pasa con el animalito de Fibonacci)


fibonacci la re concha de tu hermana


no entiendo eso del amor,

que funciona como un cálculo,
matemática pura,
el número místico de Fibonacci,
el amor así tan burdo,
hoy te quiero y hoy te tengo,
nos queremos, nos tenemos.

no entiendo ese cálculo,
esa falta de vértigo o temor,
mirar a los ojos
(el abismo descomunal)
la proporción divina de Fibonacci
hoy te quiero y no te tengo

no entiendo como funciona
si las líneas áureas nos proporcionan
eso de que puedas verme
saber que quiero y saber que tengo
ganas de querernos o tenernos
pero realmente, 
es que no entiendo 
el amor, el cálculo
la felicidad del beso

para amores existían nuestras mañanas


yo no escribo porque no esté

aún escribo porque existo aún
para redimir todo lo que veo
para hacerlo de nuevo
con insignificantes palabras;
ojos, manos, beso, éfimero
o amor,
aún luchando con las realidades,
reinventarlas de nuevo,
para mi,
para vos,
ojos, manos, beso, amor
éfimero todo
como las palabras
(son un sube y baja)
y usted señor,
que cree que todo es real,
(¡cree que es real!)
no se sube a las montañas rusas

de creer, en algo que se sienta en las entrañas

de vivir, el amor, sin alimañas

señor, usted quédese con las desilusiones

para amores existe el mundo

hace tanto frío que






el único inigualable

dueño de sueños y tormentas
de paso y también para siempre


el único irrepetible
(es que hiela afuera)
el agua, las nubes, las olas
la tormenta

el único atormentado
¿es la hora,
es la madrugada?

la felicidad, 
el trazo, la palabra

que cuando lo hacemos es todo
y al terminarlo ya no hay nada


ni único ni irrepetible ni inigualable

dios

In the wilderness nothing really seems to help but

In the wilderness nothing really seems to help but 

In the wilderness nothing really seems to help but 

Estamos tan juntos
tan juntísimos cuando
allá vos en tu cama
aca yo y los tormentos

Estamos tan cerca
tan cerquísima cuando
allá todos los dioses
acá el mismísimo infierno
y lo que era nuestro

Estaba tan neutro,
era onírico el reino
donde yacíamos
tan juntos
tan cerca

tan tibio el infierno


sábado, 25 de junio de 2016

siete de la mañana







Si supieras lo que falta
tu presencia
cuando la alondra es muerte
porque es madrugada
y yo como un río la acaparo
con uñas y dientes y manos

si supieras lo que falta
con todo él caos como dios
y él olvido como reina
de mares y tormentos
como un templo en ruinas
hades se aproxima

como arpía como trueno
¿sabes todo lo que falta?
sin lo blanco de la dentadura
sin las ganas de preparar
él desayuno o la mañana

sabrás de las huestes 
que rondan por las noches
mi mente, lienzo puro 
y abajo tu recuerdo
enredado con el mar o la música
y el templo

qué sabes tu de la tristeza
qué sabes tu de la nostalgia
con la luna besándote él pecho,
con él olvido cantandote al alba
qué sabes tu

si la muerte me visita hoy en casa
con él desayuno, con la mañana

si toda la vida fuera un cuadro de Caravaggio hoy reinaría el claroscuro

Con esta noche y con esta luna cómo no me va a latir así el pecho, condenado. Y los monstruos en fila esperando él micro, no te digo, desde la aorta derecha del corazón infame, directo sin parada, hipotálamo, lóbulo, izquierdo, derecho, otra vez al pecho. Qué dale la puntada, el vientre desecho. Qué dale, pasan por todo el cerebro. Calculo. Hace dos meses. No, hace cuatro. No, hace toda una vida que nos morimos de miedo, y además, nos sangra él cuerpo. Qué dale, pasa por el pecho , y hace cuánto no siento.La montaña, los pájaros. Hace cuánto no me río. Las manos hacen un hueco junto al corazón vacío.
Con los ojos casi cerrados trato de que los monstruos se lleven la luna. La blanca, la inmaculada. Que se lleven la noche más larga (ay , el olvido más largo)
Que se lleven la noche y el tormento, de un arrebato, en un momento.
Que sea la noche más larga y él olvido más blanco.
Por lo menos late el pecho. (Pienso)
Por lo menos siento algo. (Pienso)
Y los monstruos y el micro y las cuadras.
Y lo mejor de todo es que nada es certero


domingo, 12 de junio de 2016

a mon ami

Mon ami:

Que el vacío no reine tus días,
quizás si un poquito,
quizás si a las noches,
pero no inunde tu alma
el vientre resplandeciente,
la mente taciturna.

Rezando a un dios 
(que seguro ha muerto)
Unir las manos,
los recuerdos,
el cariño encubierto,
los besos del amor al mediodía

Que no reine nada en tu ser
que tu ser sea el reino
que en el infierno
también reconozcas el cielo
aún con el dolor,
pintes blanquísimos lienzos

No hundirse en el lago
No sucumbir ante la dulce
tentación de la anhedonia,
conmoción de lo intenso
plástico y efímero
porque sé

que en el pecho
laten tus miedos
pero también 
tus más asustados 
(e inigualables)
versos








miércoles, 8 de junio de 2016

Microrelato: Mirtha

Ya aflojaba un poquito el sol al atardecer. El barrio nunca había estado tan gris, y el cielo tan rosado, el sol en su afloje había teñido las nubes como si fueran estas un gusto de helado, pensó, crema del cielo con frutilla al agua, pensó. Caminó hasta el almacén de la esquina al lado de su compañera flaquísima y perruna. No tengo plata en los bolsillos, se acordó. Ya estaba entrando el sol casi en su totalidad y pensó en ir a dar una vuelta a la placita para que la choca jugara un rato. Tenía miedo de volver a casa porque sabía que si volvía se iba a recostar en el rojo sillón, y eso culminaría en una tremenda siesta y las siestas le daban miedo, porque si eso sucedía se quedaría dormida y tenía mucho mucho miedo de quedarse dormida. (Mucho). Paseó cabizbaja Mirtha por la plaza con su perra y con todo su frío, tarareó un par de milonguitas mientras pensaba en que había dejado de fumar, y no quería pensar en ir a comprar puchos otra vez, porque le hace mal, porque con lo que subieron los cigarrillos tiene que fumar Red Point y porque además odia el olor a cigarrillo barato pero le gusta tanto tantísimo fumar y el humo jugueteando con las manos y con las figuras, pero el olor es horrible, pensó. Igual nadie me espera en casa, pensó. 
El cielo ya no era de colores, el sol había amainado, y el frío y la perra y Mirtha ya no querían más plaza ni cielo ni pensar. Tomada esta unánime decisión, levantó sus piernas, su falda y los zapatos avejentados del banquito. Me gustaría estar con vos, pensó, pero prefiero no estarlo, pensó. 
Los minutos se le escapaban de a poquito de las manos y de la cabeza, y sin recordarlo ya estaba metiendo la llave en el portón para hacer entrar al animalito y ya se encontró peleando con los otros perros para que no se escaparan a la calle, porque mire si los pisa un auto, pensó. 
Al entrar en el diminuto recinto al que llamaba hogar, se sirvió una copa de vino (de una botella que yacía abierta hace varios días) Se sentó en el abominable sillón y dejó reposar sus cansadas y viejas piernas sobre el. Todo lo de adentro, se está derritiendo, pensó. No se cumplir promesas, pensó. Abrió despacito la vieja cartera para sacar el paquete casi terminado de cigarrillos. Qué mierda pasa, pensó. No quiero fumar más estos cigarrillos terribles, me gustaría recostarme en la cama, y no pensar ni en los atardeceres ni en las plazas y tampoco recordar que quiero dejar de fumar. Pensó. 
Revolvió entre los viejos cuadernos de italiano y las fotos de California, miró al trompetista, miró las imágenes de las calicatas del suelo, vió las fotos de sus antiguos amigos. Abrió el cuaderno dónde guardaba los recortes de revistas. Pensó otra vez en sus amigos. En las fotos, en las guitarras, en el río. Mirtha sabía que se acercaba la hora de la cena y realmente no le importó. Le corrieron un par de perlas dulces por el rostro, pero mucho no le importó. Prendió otro cigarrillo y se recostó. 
Volvió a ver las fotos, se acordó del amor, se acordó del dolor. Esta noche no voy a poder dormir, pensó. Bebió un poco de la copa y tembló. De alguna manera, siempre estás acá, pensó. Se acomodó la media y vió su envejecida mano, las uñas rojas despintadas. Se levantó en busca de un vaso de agua. Caminando se topó con el gran espejo. Miró su rostro. Los surcos bajo los ojos, el ceniciento pelo, hizo una mueca. Una sonrisa quizás. Tomó el vaso de agua. Todo su cuerpo volvió a temblar.
Casi como si ya estuviera más vieja. Casi como que sintió a la muerte acariciar su espalda.
Se hundió en la cama minutos después. Eran las once de la noche y era presente en su conciencia el saber que no iba a poder dormir. Era presente el saber que a la mañana tenía que hacer trámites. Tantas cosas le eran presente y ella se hundía tanto en el pasado. Acostada otra vez, mirando el techo. Ojalá que esto no dure un montón, pensó. Ya aflojaba un poquito el atardecer en su cabeza. Ya aflojaba un poquito el barrio en su cabeza. Ya amainaba un poquito el pesar de sus penas. No, esto no es enserio, pensó. No, no quiero pensar en el día de mañana, es mentira, pensó.
Se hundió en la cama esta vez. Prendió otro cigarrillo otra vez.
No se lo pudo fumar, esta vez.
Ya aflojaba un poquito la noche, se asomaba el sol a duras penas otra vez