es cierto, no escribo bien y tampoco tengo razón, las letras y la poesía han muerto pero también creo en la rencarnación

viernes, 6 de marzo de 2015

Delírium trémens



Creí imaginarte por lo menos
quince veces
(en una hora, en un momento)
Será que ya que no te tengo
si es que algo puede tenerse,
si es que te tuviera.
No hay naranja ni luz tenue
que pueda perderte, 
que pueda tenerte
Sólo un vestigio,
el creerte,
el imaginarte
envilecer tu inocencia
tu fragante sonrisa
para que el tormento 
de la noche
de las sábanas frías
no sea un infierno
quince veces 
en una noche, en un momento
que no te tengo


miércoles, 4 de marzo de 2015

ergo sum

Las puertas del infierno habían sido abiertas
deslizándose bajo la lengua, el portal fue abierto
(entre la saliva, entre todas las cosas que habitan en la boca)
El portal había sido abierto,
deslizándose entre los mortales.
La capacidad de verlo-todo había sido desatada.
El más dulce de los avernos estaba sucediendo,
arriba y abajo no eran cierto,
 ni derecha, ni izquierda,
la tridimensionalidad mundana había sido desterrada
Las cosas no eran solo una cosa
(eran el millón-de-cosas- que son
que pudieron haber sido
y que fueron)
El infierno, es infierno porque gusta
gusta observar con mil ojos
el vientre materno de la naturaleza,
oír lo que antes no se oía
ver lo que siempre estuvo,
pero se nos era negado.
Ahora los ojos son miles, las bocas son miles
y todo lo que sucede alrededor se percibe
¿y si todo el tiempo transcurrido ha sido un engaño?
Ahogarse en el mar de estímulos nocturnos
y todo lo que percibíamos era un mero vestigio
de la consistencia real.
Los sentidos son meros artífices
de las ataduras del mundo material,
que nos aleja más y más, de este infierno bendito
(sentirlo todo, ¡y verlo!)
Un laberinto de ojos entreteje las montañas
que miran y miran y besan los pies
de los desamparados
con un millón de bocas y lenguas.
La mente con su cierre infinito,
carece de capacidad de comprender
semejantes placeres.
Y así se despierta

s a u v a g e

Acepto el hecho único y total del sexo, lo acepto con todo mi cuerpo para desentenderme de mi y entenderme toda entera de vos. Y al hacer eso, descubrirme a mi entre todas las cosas que giran, respiran y se mueven. Me encuentro en la piel ajena, en los besos que me enajenan de mi cárcel de ser yo. Me encuentro en tus ojos porque la cercanía de los rostros me embelesa el alma y me veo reflejada en tus retinas. También me encuentro en el gemido, sauvage, arrasando con la monotonía del silencio (nunca es silencio, siempre respiración) Me encuentro en el orgasmo, en el tuyo, en el mío. En toda esa energía que ahora es corpórea y me besa los pies, las piernas, el sexo, el vientre, los senos, el cuello, la boca y sobre todas las cosas, me besa a mi aceptando mi encuentro con el sexo (¿otra vez?)

martes, 17 de febrero de 2015

la felicidad es la música porque nos ama y porque nosotros dejamos que ella nos ame



Quizás desespero en la búsqueda insólita de un amante así, bien semejante a una banda de rock and roll.
Y no cualquier amante aparente a cualquier conjunto de rock. Un amante así como la máquina de hacer pájaros.
Que hace el amor con toda la intensidad y el despegue de todo mundo material pero al final de el acto en sí no se olvida de acariciar cada-centímetro-de-piel con todo el amor del mundo y que es así porque las buenas bandas de rock y los buenos amantes no tienen miedo de que la cosa se mezcle con el amor y con esos sabores conyugales, una buena banda de rock como un buen amante te hace llegar al-mejor-orgasmo sin temer que en esa odisea las emociones se vuelvan confusas y porque al fin y al cabo, ¿por qué se emprendió esa canción, si no es para eso?
Un buen orgasmo como una buena canción despiertan mil y una sensaciones pero jamás la incomodidad y eso es gracias al buen arte del obrador (sea el músico, sea el amante)
Músico y amante ¿no es lo mismo? si al fin, quién acompaña cada beso, cada sueño y (cada tonta cosa) es la música y esta divinidad incomprendida no es obra de cualquier sujeto sino del músico en sí, que es el músico que nos ama y nos acaricia con un suave acorde luego de un im pre sio nan te solo que nos descoloca y es así que la felicidad es la música porque nos ama y porque nosotros dejamos que ella nos ame. (¿no funciona así también con los amantes?)

sábado, 17 de enero de 2015

vientito del sur



Hoy se respira viento sur, y es como si las nubes me quisieran llamar casi como sin querer y recordarme que no quiero recordar que hace días y días que hay nubes y que hace días y días que tengo tus ojos tatuados en los míos como digna aprendiz de Pizarnik y que ese tatuaje se acrecienta con el viento fresco invadido de hojas verdes, verdísimas que me envuelven y me tientan al recuerdo de esas cosas tan frescas que un domingo que no sé que más. Son las nubes las condenadas que me embadurnan de nostalgia divina de lo que pasó y de lo que es mejor aún: de que-hubiera-pasado-si y quizás si hubiera pasado no te extrañaría tanto y no olería tu esencia en el viento o en las hojas que corren libres como vos siempre tan libre siempre tan todo y quizás no estaría ahora escribiendo porque simplemente si todo hubiera pasado y no hubiera dejado lugar a la incertidumbre, todo hubiera sido aplastado por lo que siempre termina pasando, la condenada historia de lo que ya se calculó. La cuestión radica hoy, ahora, en lograr hundir esto todo divino, todo inconcluso en algún lugar del pecho donde no se sienta tan fuerte y tan a carne viva porque es así que todos los días y es así que todas las nubes, es así también que todas-las-canciones-lindas me llaman las muy condenadas y es como que quiero verte una vez más pero quizás también no quiero y quiero que el misticismo innecesario invada esta historia para que no quede así como las demás, sea una cuestión así como el viento, así como el sur, toda verde, toda incierta, llena de cosas lindas que pueden ser aún mejor y ah, ¡esos ojos!
¿sanará o quizás será como ese amor perpetuo que le tengo al sur y a sus espejos y a su aire divinamente insoportable de libertad?
Que no sea.
Que perdure lo incierto antes de que sucumba la magia bajo la gris neblina de lo real






sábado, 10 de enero de 2015

Manifiesto de la noche: improductivo artífice que no sabe amar!

No cabe duda al momento de cuestionar que soy el artífice más imprudente de esta sociedad. Camino la noche, toda entera y carezco de temor, no hay sombra que me adormezca, que me entorpezca.
El desafío de hoy es caminar un poco más.
No es el whisky, claramente no es el whisky. No son las horas faltas de sueño. No es un trastorno.
Simplemente es la carencia de miedo.
Soy el artífice más improductivo de esta sociedad. Me enseñaron a tener miedo y ciertamente, no lo tengo. Soy incapaz de sentirlo. Me enseñaron a interactuar y carezco de toda habilidad para eso (¡o quizás es lo que me obligo a creer!) No sueño de noche, y mi descanso comienza con el alba.
Los años pasan grabando cada vez más fuerte en la lívida piel un tatuaje determinante. Doble marca la tinta negra, y "no pertenezco" eternamente repetido desde las pecas de la nariz hasta los largos dedos de las extremidades inferiores.
Soy el engranaje desencajado.
Y sin temor, vuelvo a caminar las calles como si todo fuera un juego más.
¿¡Qué más da!?
¡Soy un improductivo artífice que no sabe amar!

martes, 2 de diciembre de 2014

puerilidades

Bajo la tenue luz del televisor, fue la eterna inmadurez la que desencadenó la consumación de lo in-con-su-ma-ble (léase con detenimiento, saboree cada sílaba, así es como las cosas van sucediendo) Y así sucedió. Es el pueril deseo el que desata (no por error) la euforia -de algo que no es amor, pero se gesta también bajo las sábanas, bajo los techos (donde alumbra el sol)- y se desmorona, es ante la totalidad etérea que el cuerpo sucumbe y cierra los ojos y no comprende, no ve, solo siente, y ya la intermitente luz del televisor es la que sentencia que la noche no será esta vez solo noche, también será amanecer y es el sol en la cara lo que remplaza a la tenue luz del televisor que decoró una vez (más) una escena que ni los dioses, ni las camas podrán juzgar