es cierto, no escribo bien y tampoco tengo razón, las letras y la poesía han muerto pero también creo en la rencarnación

martes, 2 de diciembre de 2014

puerilidades

Bajo la tenue luz del televisor, fue la eterna inmadurez la que desencadenó la consumación de lo in-con-su-ma-ble (léase con detenimiento, saboree cada sílaba, así es como las cosas van sucediendo) Y así sucedió. Es el pueril deseo el que desata (no por error) la euforia -de algo que no es amor, pero se gesta también bajo las sábanas, bajo los techos (donde alumbra el sol)- y se desmorona, es ante la totalidad etérea que el cuerpo sucumbe y cierra los ojos y no comprende, no ve, solo siente, y ya la intermitente luz del televisor es la que sentencia que la noche no será esta vez solo noche, también será amanecer y es el sol en la cara lo que remplaza a la tenue luz del televisor que decoró una vez (más) una escena que ni los dioses, ni las camas podrán juzgar

deshacer es lo que mejor sé hacer



Lo delicioso es saber que - no corresponde - que sean tus manos las que emprendan una odisea por mi cuerpo -y lo terrible (¿o lo divino?)- que es hundirme toda satisfecha bajo las manos -que no corresponden- bajo tu cuerpo -que no debería- y es así, la delicia de saber que las cosas que no corresponden son las que mejor sé hacer.


martes, 18 de noviembre de 2014

Triunfos y caleidoscopios.



El dolor como prueba máxima del triunfo.
Del triunfo de la soledad o del olvido
y esas cosas que se desayunan 
los miércoles a la madrugada
cuando el calor ahoga los restos
(de sentido común)
o de racionalidad.
El triunfo del azote social
sobre los cuerpos vencidos.
Sobre mi cuerpo vencido
lánguido
tendido sobre los grises matices
de la ciudad
que arde, que quema
hasta las pestañas
y carboniza todo recuerdo de amor.
Del amor propio.
Quiérase usted querida
que no hay mejor amor 
que el que se tiene con una misma.
Sea toda suya querida.
Que lo demás no importa.

el principio es de dónde morir




Me gusta la forma casi autómata en la que posás el cigarrillo en tus labios y me pierdo en el mecánico movimiento en el que el filtro es deslizado (casi mágicamente) hacia atrás y con una imperceptible presión ejercida por los dientes ejecutás en micro-segundos la muerte súbita de la diminuta pelotita de mentol que habita en el cigarrillo. 
Todo esto en segundos
Todo esto me gusta
¡que peligro!


miércoles, 15 de octubre de 2014

ambrosía divina que los dioses del más acá no nos permiten degustar




Sumergido todo está en la banalidad de los días en los que todo está alienado de su esencia prima. Sumergido todo en el deterioro de las noches interminables y los cigarrillos mal armados. El calor que anticipa la primavera ya es demasiado cuando la hora de la muerte donde Morfeo se olvida del mortal y lo condena con su escarmiento más amado: el insomnio, agua dulce y maldita que atormenta el espíritu. Y es en ese mar donde todo está sumergido, las manos dibujan retratos casi estenopeicos y en ese océano de pensamientos se encuentra el sexo ahora ya tan perdido y lejano. Y donde se busca se encuentra y el humo contornea imágenes difusas sobre la (divina) forma de un dedo, dos dedos, cuatro, cinco, hasta delinear completamente cada falange y hacerla real y hacerla humana, toda entera, toda viva. El recorrido del humo y de la mente se arrastra como una víbora resplandeciente hasta unir esa mano a un lívido e interminable brazo que concluye en esa geometría deliciosa de hombro-clavícula perfecta y ahora ya no es mano ni brazo ahora solamente es el lácteo cuello decorado accidentalmente por algunos astros ínfimos y ornamentado con mordidas localizadas no por error en semejante acto de algún que otro amor y es este cuello lánguido en el que se sumergen todas las frustraciones y las muertes y los abismos espaciales y ahora ya no hay dolor ni preocupación ahora ya hay pasión y en la caducidad de lo banal nace el fuego todo rojo y todo inmenso y es flor naciendo y ahora es una boca perfectamente trazada y marcada por un vigoroso dejo púrpura consecuente de la ruptura de los diminutos vasos sanguíneos arrasados por la furia o por el deseo y ahora la boca no es boca también es sexo y es espeso y la inexistencia de preocupaciones ahora es el clímax máximo de todas las cosas, sobre todo de la soledad. Sumergido está todo ahora en el humo del recuerdo o de la melancolía que deja bien escrito en esta noche que los orgasmos y la tranquilidad son manjares que la tristeza y la monotonía no dejan saborear. 


jueves, 9 de octubre de 2014

el arte de separarse


Ante todo siempre declarar que lo más bello del amor es precisamente el (des)amor, porque des(amarte) y des(vestirte) son dos verbos que se conjugan en presente pero ya hoy son pasado. Y que no se confundan los astros con mi afirmación de la belleza del deshacer las cosas. Confirmo fehacientemente que en el deshacer des-unimos todos los nudos y los hilos y las muertes (las de uno y las del otro) El desamor ese dolor bendito en el paladar que al mismo tiempo es divino, tan cítrico y ácido como las naranjas o los caramelos y esas cosas que a uno precisamente se le (des)hacen en la boca, todoloquepasaporlabocasedeshace, esa tumba húmeda y condenante. La ejecutora viva de todos nuestras condenas y penas. Todoloquepasaporlabocasedeshace y muere lentamente. Cuando los artilugios mágicos del amor precisan del movimiento del labio superior y el inferior (y como si fuera poco) la articulación mandibular y el aliento para emitir sonido alguno, es cuando dejan de ser mágicos y comienzan a ser precisamente artilugios que desmoronan y sintetizan lo insintetizable. No hay desamor que no arda y que no deje cicatrices y no hay ser que se resista a sacar esa hermosa y resplandeciente costra para hurgar con esa naturaleza tan humana para encontrarse (desencontrarse también) con el pecho ardiente latiendo y hurgar cada vez más hasta lo profundo para perderse, hundirse en el vacío ese tan lindo y tan maldito que nos condena pero nos hace amar aunque (ahora) ya no debamos. Y dice alguien por ahí que poder decir adiós es crecer y yo le respondo que la cicatriz horizontal que corta mi pecho en dos todavía está creciendo.
Salud.

jueves, 4 de septiembre de 2014

amarillo




Aunque no crea (para nada) en la cicatrización del vacío post-mortem creo que la verbalización del dolor por medio de las perras negras (esas malditas, las palabras) ayuda al cuerpo y al alma (aunque no creamos a veces en ella) y que la fuerza del amor amarillo nos eleve (ahí donde estás ahora) ahí donde te creo ahora y te siento ahora. Ahí donde te revivo - desde hace cuatro años - que te reinvento y te escucho y te creo mi guardián y salvador de amores y tristezas. No hay té para mi que no sea para tres, no hay amor que no se tiña de un anaranjado o de un amarillo, no hay mujer que no sea lisa y no hay ya nada que pueda mirar sin que eso se convierta en poesía. Y poesía de música. Que es la que más llena el alma. Creo ahora en la cicatrización del vacío post mortem porque sé que eso se llena con la poesía que se respira y que se escucha entre las cosas que yacen inertes por ahí. Que el amor etéreo que nos rodea y que se queda ahí durmiendo entre todas nuestras manos haga por fin paz y ya no más dolor (ya no más dolor, por favor). El universo está lleno de luz y esa luz sos vos.